Elaborar juguetes ha pasado por desapercibido en un mundo inmediato que nos pide cada segundo
consumir a velocidades inhumanas imágenes, sonidos, videos, servicios, objetos y acá podríamos
enumerar una gran cantidad de distractores que nos evitan disfrutar el tiempo lento presente. El
juguete nos permite reconocer en si mismo “cuatro instancias de la cultura lúdica”, como la de ser
jugador, ser juguetero, el juguete como ser y siempre jugar, donde los protagonistas somos quienes
nos divertimos, por esta razón es importante darle un lugar a este objeto-juguete.
Por esta razón, situar el juguete en la experiencia pedagógica, no solo como un objeto lúdico o
artesanal, sino como un dispositivo epistemológico y simbólico que activa memorias, saberes,
modos de pensar y modos de hacer, esto nos permite abrazarlo desde el arte y el diseño desde
contextos no hegemónicos y que den lugar a esa parte de la raíz que somos y que damos por
sobre-entendido. Gracias a esta situación, siento haber encontrado una manera de, no solo
reconocer al juguete como ser, sino también, diversas maneras de elaborar en comunalidad.
Este enfoque contribuye a desplazar la mirada tradicional del arte y el diseño centrado en la
innovación tecnológica, para resituarlo en torno al saber hacer, la comunalidad y la transmisión
cultural, donde las comunidades indígenas son el foco y fuente primaria de inspiración y
reconocimiento en primera línea, dando lugar digno a su saber, del que tambien somos y lo digo
somos, pues cuando hablamos y acordamos desde el diálogo, somos arte y somos diseño.
Este juguete que ven sobre mi mano se llama ZURRU, que en Embera
Dóvida significa, GIRAR CON LAS MANOS, su nombre se teje del sonido que
emite al girarlo, ZURRRRUUUuuuu, su giro me permite “disfrutar del tiempo
presente y conocer mi fuerza en concentración”, tal como me lo explica
Jondry Rojas Tapi, líder pedagogo de la comunidad; con él nos hemos
juntado a dialogar y desde nuestra amistad, ha crecido un vínculo que se
fortalece por nuestra vocación de ser docentes y jugueteros.
Cada vez que nos encontramos, nos hacemos la misma pregunta en clave
de visibilizar y socializar los logros de hablar desde los juguetes:
¿Cómo podemos hacer que los juguetes indígenas
lleguen a espacios pedagógicos donde los niños
los reconozcan como propios?
Siempre llegamos a la misma conclusión, que és la de seguir persistiendo
en el situar al juguete en nuestras aulas, donde podemos incluir de manera
tranquila, imágenes, sonidos, videos y nuevas experiencias para la
elaboración de objetos que nos permitan seguir alimentando ese archivo
vivo que son los juguetes y que desde el diálogo, se logra mantener un
reconocimiento digno desde las áreas del arte, el diseño y porque no, desde
la pedagogía tradicional.
Para leer la tesis completa, descargarla en el siguiente link:
https://repositorio.unal.edu.co/handle/unal/89161